En un entorno cada vez más competitivo y digitalizado, las cooperativas del sector oleícola necesitan herramientas que les permitan gestionar mejor su actividad diaria, reducir errores y tomar decisiones con más información. En este contexto, el ERP se ha convertido en una solución fundamental para integrar procesos, ordenar la información y mejorar la eficiencia de toda la organización. Qué significa ERP Las siglas ERP corresponden a Enterprise Resource Planning, que en español puede traducirse como sistema de planificación de recursos empresariales, y designan un software integral que unifica datos y procesos de toda la organización para gestionar recursos, operaciones y finanzas de forma coordinada. ¿Cómo funciona un ERP en una cooperativa oleícola? El funcionamiento de un ERP en una cooperativa oleícola se basa en una arquitectura integrada y modular, donde cada área de gestión (recepción de producto, fábrica y bodega, control de calidad, almacén, trazabilidad, contabilidad, comercialización y gestión) está conectada dentro de un único sistema de información. Cada módulo genera y comparte datos de forma automática, en tiempo real o mediante sincronizaciones programadas, permitiendo que la información fluya entre departamentos, sin duplicidades ni errores derivados de procesos manuales. De esta forma, el ERP actúa como un núcleo centralizado que proporciona una visión global y actualizada de la actividad de la cooperativa, facilitando una toma de decisiones más rápida, precisa y basada en datos. La implantación de un ERP no supone únicamente digitalizar el registro de información, sino transformar la manera en la que la cooperativa gestiona sus procesos, conectando datos operativos, productivos, económicos y comerciales para convertirlos en conocimiento útil para la gestión diaria. Además, los ERP actuales incorporan herramientas avanzadas de análisis, cuadros de mando e indicadores clave de rendimiento (KPIs), que permiten monitorizar aspectos críticos como niveles de stock, costes de producción, entradas de producto, trazabilidad de lotes, entregas a cooperativistas, evolución de ventas, márgenes comerciales o rentabilidad por campaña. Todo ello proporciona a la cooperativa una mayor capacidad de planificación, control y adaptación en un entorno cada vez más competitivo.
Monitoreo multiespectral: cómo ver lo que el ojo no detecta
En muchas explotaciones agrícolas ocurre lo mismo: dentro de una misma parcela hay zonas que se desarrollan mejor que otras sin una causa visible a simple vista. El agricultor puede detectarlo en el campo, pero muchas veces lo hace cuando la diferencia ya es evidente en el cultivo: plantas con menor vigor, zonas con peor desarrollo o problemas que no se explican fácilmente solo con la observación directa. En una provincia como Jaén, donde el olivar tiene un peso fundamental en la actividad agraria y cooperativa, conocer bien cada zona de la finca puede marcar una diferencia importante. No todos los olivos responden igual, incluso dentro de una misma parcela. Puede haber diferencias de suelo, pendiente, humedad, orientación, manejo o disponibilidad de agua. La tecnología multiespectral permite dar un paso más allá de lo que vemos en campo. A través de imágenes captadas desde drones, es posible identificar variaciones en el estado del cultivo antes de que sean visibles al ojo humano, ayudando a entender mejor qué está ocurriendo en cada zona de la explotación. No se trata solo de obtener una imagen aérea de la finca. El monitoreo multiespectral permite captar información que una cámara normal no registra y convertirla en mapas útiles para tomar decisiones. Este tipo de soluciones forma parte de la transformación digital del sector agroalimentario, donde la tecnología puede ayudar a agricultores, cooperativas y empresas agrarias a trabajar con más información y menos incertidumbre. Qué es el monitoreo multiespectral El monitoreo multiespectral consiste en captar imágenes del cultivo mediante cámaras especiales que registran diferentes bandas de luz. Algunas de esas bandas son visibles para nosotros, como el rojo, el verde o el azul. Otras, como el infrarrojo cercano, no las percibe el ojo humano, pero aportan información muy valiosa sobre la situación real del cultivo. Una cámara convencional muestra cómo se ve la planta desde fuera. Una cámara multiespectral ayuda a interpretar cómo está respondiendo la vegetación. Por eso, esta tecnología se utiliza cada vez más en agricultura de precisión, especialmente cuando se quiere detectar variabilidad dentro de una parcela, localizar zonas con menor vigor o anticiparse a posibles problemas. La diferencia es sencilla: una imagen normal muestra lo que vemos; una imagen multiespectral ayuda a entender lo que puede estar pasando antes de que sea evidente. Las imágenes multiespectrales trabajan con varias bandas del espectro y se utilizan en agricultura para observar el estado de los cultivos, detectar cambios y apoyar una gestión más precisa. Por qué permite ver más allá de lo visible Las plantas reflejan la luz de forma diferente según su estado. Una planta sana, bien hidratada y con buen desarrollo no responde igual que una planta con estrés hídrico, falta de nutrientes, daño o menor actividad fotosintética. Muchas veces esa diferencia todavía no se aprecia en el color de la hoja, pero sí aparece en las bandas que captan los sensores multiespectrales. Por eso, esta tecnología funciona como una herramienta de alerta temprana. Puede ayudar a detectar zonas que parecen normales a simple vista, pero que ya muestran una respuesta diferente. Esto permite revisar antes, tomar muestras en puntos concretos y actuar con más margen. En el olivar, una zona con menor vigor puede estar relacionada con falta de agua, problemas de suelo, compactación, fertilización desigual, una plaga inicial o una enfermedad que todavía no se ha extendido. El mapa multiespectral no da por sí solo la respuesta definitiva, pero sí indica dónde conviene mirar primero. Esto es importante porque en agricultura el tiempo de reacción cuenta mucho. Detectar un problema antes puede cambiar la forma de gestionarlo y evitar que se extienda o que afecte más al rendimiento. Cómo funciona una cámara multiespectral Las cámaras multiespectrales captan varias longitudes de onda de luz. Mientras una cámara RGB tradicional recoge información en rojo, verde y azul, una cámara multiespectral también puede registrar bandas como el infrarrojo cercano. Después, esa información se procesa para generar mapas e índices de vegetación. Uno de los índices más conocidos es el NDVI, utilizado para estimar el vigor de la vegetación y detectar diferencias dentro de una misma explotación. También existen otros índices que ayudan a estudiar el desarrollo del cultivo, la estructura de la cubierta vegetal o posibles señales de estrés. Este tipo de cámaras permite captar información más allá del espectro visible y obtener datos sobre vegetación y suelo. En agricultura, esto puede ayudar a evaluar el vigor de las plantas y detectar zonas con estrés hídrico, enfermedades o deficiencias nutricionales. Aun así, es importante tener claro que un índice no debe interpretarse de forma aislada. Un valor bajo puede tener muchas causas. Por eso, el monitoreo multiespectral debe combinarse siempre con revisión en campo, conocimiento de la finca y criterio técnico. De la imagen al mapa de la parcela El verdadero valor del monitoreo multiespectral aparece cuando las imágenes se procesan y se convierten en mapas claros. A partir de un vuelo con dron o de imágenes captadas por otros sistemas, se pueden generar ortomosaicos, mapas de vigor e índices que muestran la variabilidad dentro de la parcela. En vez de ver la finca como una superficie uniforme, el agricultor o técnico puede distinguir zonas con comportamientos diferentes. Esto ayuda a organizar mejor la visita al campo, dirigir los muestreos, revisar puntos concretos y decidir si una actuación debe aplicarse a toda la parcela o solo a una parte. Esta forma de trabajar puede ser especialmente útil para cooperativas y explotaciones que necesitan comparar fincas, priorizar revisiones o planificar mejor el seguimiento técnico. No siempre hace falta empezar con grandes inversiones. A veces, el primer paso es simplemente conocer mejor la finca y detectar dónde se están produciendo diferencias. Además, si los vuelos o mediciones se repiten con una metodología similar, se puede comparar la evolución del cultivo en el tiempo. Así se comprueba si una zona mejora, si una anomalía sigue igual o si un problema se está extendiendo. Para qué puede servir en el campo El monitoreo multiespectral puede
Drones agrícolas: de la observación visual al diagnóstico de precisión
Los drones se han convertido en una de las tecnologías más representativas de la transformación digital del sector agrario. Lo que comenzó como una herramienta para obtener imágenes aéreas de las explotaciones ha evolucionado hasta convertirse en un sistema capaz de recopilar información detallada sobre el estado de los cultivos y apoyar la toma de decisiones. En una provincia como Jaén, donde el olivar tiene un peso fundamental en la actividad agraria y cooperativa, esta tecnología puede aportar un valor muy práctico. Muchas explotaciones presentan diferencias de suelo, pendiente, orientación, disponibilidad de agua o desarrollo del cultivo. Por eso, contar con una visión aérea permite detectar problemas que no siempre se ven con facilidad desde el suelo. Los drones agrícolas no sustituyen la experiencia del agricultor ni el trabajo del técnico, pero sí aportan información útil para actuar con más rapidez y precisión. Su utilidad no está solo en captar imágenes, sino en transformar esas imágenes en datos que ayuden a gestionar mejor la explotación. Este avance forma parte de la transformación digital del sector agroalimentario, donde la tecnología se utiliza para mejorar la competitividad, optimizar recursos y apoyar la toma de decisiones en explotaciones, cooperativas y empresas del sector. De la imagen aérea al dato útil Cuando se habla de drones agrícolas, no se trata únicamente de volar sobre una parcela y tomar fotografías. La verdadera utilidad aparece cuando esas imágenes se procesan y se convierten en información agronómica. A través de vuelos planificados, el dron puede generar mapas de la explotación, conocidos como ortomosaicos, que permiten ver toda la superficie con un alto nivel de detalle. Estos mapas ayudan a identificar zonas con diferente desarrollo, áreas con menor vigor, posibles daños, problemas de uniformidad o patrones que no siempre se detectan caminando por la finca. Además, cuando se utilizan sensores más avanzados, como cámaras multiespectrales, es posible calcular índices de vegetación como el NDVI o el GNDVI. Estos índices permiten analizar el estado del cultivo y detectar variaciones relacionadas con la actividad fotosintética, el vigor vegetal o posibles situaciones de estrés. Principales usos de los drones en agricultura Los drones pueden tener muchas aplicaciones dentro de una explotación agraria. Su utilidad dependerá del tipo de cultivo, del objetivo del vuelo y del nivel de información que se quiera obtener. No siempre es necesario empezar con sistemas complejos. En muchos casos, un primer paso puede ser conocer mejor la variabilidad de la finca. Uno de sus usos más habituales es la supervisión general del cultivo. Gracias a las imágenes aéreas, el agricultor puede tener una visión completa de la parcela y detectar zonas que presentan un comportamiento diferente. Esto ayuda a localizar daños por maquinaria, zonas encharcadas, falta de uniformidad, áreas con menor desarrollo o posibles problemas en una parte concreta de la explotación. También son útiles para el seguimiento del vigor vegetal. A través de cámaras multiespectrales, los drones pueden mostrar qué partes de la finca tienen mayor o menor actividad vegetal. Esta información puede servir para detectar desequilibrios y decidir dónde conviene revisar el cultivo con más detalle. Otra aplicación importante es la detección temprana de problemas sanitarios. Algunas plagas o enfermedades empiezan afectando a zonas concretas antes de hacerse visibles en toda la parcela. Un dron puede ayudar a localizar esos focos iniciales y facilitar una intervención más rápida. Los drones también pueden apoyar la gestión de la fertilización. Al identificar zonas con menor desarrollo o con diferencias de vigor, permiten orientar mejor las revisiones y ajustar las decisiones relacionadas con la nutrición del cultivo. Esto puede contribuir a un uso más eficiente de los insumos y a una gestión más sostenible. Drones y olivar en Jaén En el olivar jiennense, los drones pueden ser especialmente útiles para observar diferencias dentro de una misma finca. No todos los olivos responden igual, incluso cuando pertenecen a la misma explotación. Puede haber zonas con menor vigor, áreas más afectadas por la falta de agua, sectores con problemas de suelo o partes de la parcela donde el cultivo evoluciona de forma distinta. Esta información puede ayudar tanto a agricultores como a cooperativas. Por ejemplo, puede servir para comparar parcelas, planificar visitas técnicas, detectar zonas que necesitan revisión o tomar decisiones relacionadas con el riego, la fertilización o la sanidad vegetal. La clave está en utilizar el dron con un objetivo claro. No se trata de volar por volar, sino de responder a preguntas concretas: ¿dónde está perdiendo vigor la finca?, ¿hay zonas con estrés?, ¿existen diferencias de humedad?, ¿conviene revisar el sistema de riego?, ¿hay algún foco que necesite atención? Una herramienta para mejorar el uso del agua En zonas agrícolas donde el agua es un recurso cada vez más limitado, los drones pueden aportar información muy útil para mejorar la gestión del riego. A través de sensores térmicos o multiespectrales, pueden detectarse diferencias relacionadas con el estrés hídrico, problemas de distribución del agua o zonas que no están respondiendo igual al manejo. Por ejemplo, una parte de la finca puede parecer normal a simple vista, pero empezar a mostrar señales de falta de agua o de mala distribución del riego. Detectar esto a tiempo permite revisar el sistema, comprobar posibles obstrucciones, ajustar turnos o valorar si una zona necesita una atención diferente. Esta información no elimina la necesidad de revisar el terreno, pero ayuda a priorizar. El dron actúa como una primera alerta que indica dónde conviene mirar. Después, el agricultor o el técnico interpretan la situación y deciden qué actuación es más adecuada. Aspectos legales que conviene tener en cuenta Es importante diferenciar entre utilizar drones para observación, análisis o diagnóstico, y utilizarlos para aplicar productos fitosanitarios. No es lo mismo tomar imágenes de una explotación que realizar tratamientos aéreos. En Andalucía, la Junta de Andalucía indica que los tratamientos fitosanitarios realizados con drones se consideran aplicaciones aéreas, por lo que deben cumplir requisitos específicos y contar con la autorización correspondiente. Además, el Real Decreto 1311/2012 establece el marco de actuación para conseguir un uso sostenible
Ventajas operativas del dron en agricultura
En muchas explotaciones agrícolas, el reto no está solo en saber qué labor hay que hacer, sino en poder llegar bien hasta la zona donde realmente hace falta intervenir. Hay parcelas con pendientes, accesos complicados, bordes irregulares, terrenos fragmentados o zonas donde la maquinaria terrestre entra con dificultad. En estos casos, el dron puede convertirse en una herramienta muy útil para trabajar con más rapidez, seguridad y precisión. En una provincia como Jaén, donde el olivar tiene un peso fundamental en la actividad agraria y cooperativa, esta tecnología puede aportar un valor muy práctico. Muchas fincas presentan desniveles, caminos estrechos, parcelas repartidas en distintos puntos o zonas donde revisar el cultivo a pie o con maquinaria requiere mucho tiempo. Su principal ventaja operativa es que permite observar y revisar zonas difíciles sin depender tanto del acceso físico del terreno. Esto no significa que vaya a sustituir al tractor ni a la maquinaria agrícola tradicional. Más bien, funciona como un complemento que ayuda a resolver tareas concretas de forma más ágil. Dentro de la transformación digital del sector agroalimentario, los drones agrícolas representan muy bien esta idea: usar la tecnología de forma práctica para tomar mejores decisiones y hacer más eficiente el trabajo diario en el campo. Acceso a zonas difíciles Una de las ventajas más claras del dron en agricultura es su capacidad para llegar a zonas donde la maquinaria terrestre tiene más limitaciones. Esto ocurre en terrenos con pendiente, parcelas estrechas, caminos en mal estado, márgenes difíciles o zonas donde el tractor no puede maniobrar con comodidad. En este tipo de situaciones, el dron permite revisar la zona desde el aire sin necesidad de entrar físicamente con maquinaria pesada. Puede utilizarse para inspeccionar cultivos, detectar daños, comprobar el estado de una parcela después de lluvias o localizar zonas que necesitan una revisión más detallada. También resulta útil en explotaciones muy fragmentadas, donde los desplazamientos entre parcelas consumen mucho tiempo. En vez de recorrer cada punto a pie o con vehículo, el dron ofrece una primera visión rápida y ayuda a decidir dónde conviene actuar primero. Empresas especializadas destacan la capacidad de los drones para mejorar la observación del cultivo y facilitar una gestión más eficiente. Esta visión aérea ayuda a detectar incidencias que desde el suelo pueden pasar desapercibidas. Más seguridad y menor impacto sobre el terreno El uso de drones también puede mejorar la seguridad en determinadas tareas. En terrenos inestables, pendientes pronunciadas o zonas con acceso complicado, el operario evita entrar directamente en lugares donde puede haber riesgo de caída, atasco o accidente. Esto es especialmente importante después de lluvias, en zonas blandas o en caminos deteriorados. El dron permite hacer una inspección previa y valorar si realmente es necesario entrar en la parcela o si conviene esperar a mejores condiciones. Además, al reducir la necesidad de maniobrar con vehículos pesados en zonas delicadas, también se disminuye el impacto sobre el suelo. Cada entrada de maquinaria puede generar compactación, afectar a zonas sensibles o dañar partes del cultivo, sobre todo cuando el terreno está húmedo. Por ejemplo, antes de entrar con un tractor, el agricultor puede usar el dron para comprobar si una zona está encharcada, si hay daños visibles o si una parte del cultivo presenta menor desarrollo. Así se evita entrar “a ciegas” y se reducen pasadas innecesarias. Ahorro de tiempo y mejor organización del trabajo En agricultura, el tiempo también es un recurso. Muchas decisiones tienen que tomarse rápido, sobre todo cuando hay cambios de tiempo, problemas de riego, daños por fauna, enfermedades o incidencias localizadas. El dron permite revisar una superficie amplia en poco tiempo y obtener una visión general de la explotación. Esto ayuda a priorizar tareas: qué zona revisar primero, dónde puede haber un problema, qué parcela necesita atención y qué áreas parecen estar en buen estado. En explotaciones olivareras con varias parcelas o terrenos dispersos, esta capacidad puede ser especialmente útil. El agricultor, el técnico o la cooperativa no tienen que dedicar el mismo tiempo a revisar todo por igual, sino que pueden apoyarse en la información aérea para ordenar mejor el trabajo. Los drones agrícolas pueden aportar beneficios relacionados con el ahorro de tiempo, la reducción de costes y la obtención de información más precisa sobre los cultivos. Por eso, cada vez se integran más en trabajos de agricultura de precisión. Precisión en parcelas irregulares Muchas explotaciones no tienen parcelas grandes, rectas y fáciles de trabajar. Al contrario, es habitual encontrar bordes irregulares, pequeñas superficies, linderos, zonas con obstáculos o áreas donde la maquinaria no se adapta bien a la forma real del terreno. En el olivar jiennense, esta realidad puede verse en fincas tradicionales, parcelas en pendiente o explotaciones divididas en diferentes zonas. El dron ofrece una respuesta más flexible, ya que puede volar sobre la geometría real de la parcela, revisar zonas concretas y ayudar a localizar puntos que necesitan atención. En agricultura de precisión, esta información permite pasar de una gestión general a una gestión más localizada. No toda la explotación tiene que recibir la misma atención ni todas las zonas presentan los mismos problemas. El dron ayuda a identificar esas diferencias y a trabajar de forma más ajustada. Esta idea puede ser especialmente interesante para cooperativas y pequeñas o medianas explotaciones que quieren conocer mejor sus parcelas, optimizar recursos y tomar decisiones con más información. Apoyo para inspección y toma de decisiones El dron puede utilizarse para muchas tareas de apoyo: revisar el estado del cultivo, detectar diferencias de vigor, localizar zonas con estrés, comprobar daños, observar problemas de riego o documentar el estado de una parcela en un momento concreto. Su valor no está únicamente en la imagen, sino en la información que esa imagen puede aportar. Una fotografía aérea puede ayudar a detectar una zona con menor desarrollo, una franja afectada o una diferencia clara entre partes de la finca. Cuando esa información se combina con la experiencia del agricultor y el criterio técnico, la toma de decisiones mejora. El dron detecta,
Monitorización aérea para la identificación precoz de plagas y enfermedades agrícolas
Detectar una plaga o una enfermedad a tiempo puede marcar la diferencia en una explotación agrícola. En el campo, unos días de retraso pueden afectar al rendimiento, la calidad de la cosecha y el coste de la intervención. En una provincia como Jaén, donde el olivar tiene un peso fundamental en la actividad agraria y cooperativa, la vigilancia del cultivo es clave. Muchas fincas presentan parcelas amplias, zonas con pendiente, diferencias de suelo o áreas donde no siempre es fácil detectar un problema desde el suelo. Por eso, los drones se han convertido en una herramienta útil para vigilar los cultivos y localizar incidencias antes de que sean evidentes a simple vista. No sustituyen al agricultor ni al técnico, pero sí ayudan a revisar mejor la finca, detectar zonas sospechosas y decidir dónde conviene mirar primero. La idea es sencilla: ver antes para actuar mejor. Dentro de la transformación digital del sector agroalimentario, los drones permiten transformar imágenes aéreas en información práctica para tomar decisiones más rápidas y ajustadas a cada explotación. Ver antes de que el daño sea evidente Muchas plagas y enfermedades no aparecen de golpe en toda la parcela. Normalmente empiezan en focos pequeños, manchas o zonas concretas que pueden pasar desapercibidas durante los primeros días. Desde el suelo, esos cambios no siempre se ven con facilidad, sobre todo en parcelas grandes, terrenos irregulares o cultivos con mucha densidad vegetal. El dron permite obtener una visión general del cultivo en poco tiempo. Desde el aire, es más fácil detectar diferencias de color, pérdida de vigor, zonas con menor desarrollo, manchas irregulares o cambios que pueden indicar que algo no va bien. Esta primera revisión aérea no ofrece un diagnóstico definitivo, pero sí ayuda a identificar las zonas que necesitan una inspección más detallada. En vez de recorrer toda la finca buscando el problema “a ojo”, el agricultor, el técnico o la cooperativa pueden centrarse en los puntos donde el dron ha detectado una anomalía. Los drones pueden apoyar el control de plagas al facilitar la vigilancia del cultivo y la localización de zonas afectadas. Sensores que ayudan a detectar problemas No todos los drones agrícolas trabajan igual. Algunos utilizan cámaras RGB, que captan imágenes similares a las de una cámara convencional. Estas sirven para ver cambios visibles en el cultivo, como manchas, zonas secas, pérdida de cobertura vegetal o daños físicos. Otros incorporan cámaras multiespectrales, que captan información que el ojo humano no percibe. Este tipo de sensores puede detectar cambios en la respuesta de la vegetación antes de que el problema sea visible desde el suelo. Por ejemplo, una zona afectada por una enfermedad o una plaga puede mostrar menor vigor o una respuesta diferente en determinados índices de vegetación. También pueden utilizarse sensores térmicos, que ayudan a observar diferencias de temperatura en el cultivo. Estas variaciones pueden estar relacionadas con estrés, falta de agua, daños fisiológicos o alteraciones en el funcionamiento normal de la planta. La combinación de drones, imágenes aéreas y aprendizaje automático puede ayudar al seguimiento de la salud del cultivo y a la detección de enfermedades. Aun así, la tecnología debe entenderse como una ayuda, no como una respuesta automática. El dron señala dónde mirar Un mapa puede mostrar una zona con menor vigor, pero eso no significa automáticamente que haya una plaga o una enfermedad. Una bajada de vigor puede deberse a falta de agua, compactación del suelo, carencias nutricionales, daños por maquinaria, problemas de drenaje, estrés térmico o presencia de patógenos. Por eso, la información aérea siempre debe contrastarse en campo. El valor del dron está en ordenar la revisión. Primero detecta zonas anómalas. Después, el técnico o agricultor comprueba qué está ocurriendo realmente. Esta combinación permite ahorrar tiempo y evitar decisiones precipitadas. En la práctica, el dron funciona como una primera capa de vigilancia. No sustituye el conocimiento del campo, pero ayuda a enfocar mejor la inspección y a revisar con más detalle las zonas donde puede existir un problema. Del foco al mapa de actuación Una de las mayores ventajas del dron es que permite delimitar el problema. Cuando una plaga o enfermedad aparece, no siempre afecta a toda la explotación por igual. Puede empezar en una esquina, avanzar en una franja, concentrarse en una zona húmeda o aparecer cerca de un borde de parcela. Con un vuelo bien planificado, es posible localizar esos focos y generar mapas que ayuden a ver su extensión. Esto es muy útil para decidir si el problema requiere una intervención localizada, un seguimiento más frecuente o una revisión más amplia. Esta forma de trabajar puede ser especialmente útil en cooperativas y explotaciones olivareras que gestionan varias parcelas. No se trata de aplicar tecnología por moda, sino de usarla para entender mejor la finca y actuar solo donde hace falta. Si el problema está concentrado en una zona concreta, no siempre tiene sentido revisar o tratar toda la finca con la misma intensidad. La monitorización aérea permite priorizar y tomar decisiones más ajustadas. Más rapidez y mejor seguimiento En agricultura, detectar pronto puede evitar pérdidas importantes. Una plaga que se identifica tarde puede expandirse con rapidez. Una enfermedad que no se controla a tiempo puede afectar a la calidad y al rendimiento. Y un daño mal interpretado puede llevar a tratamientos innecesarios o poco eficaces. El dron ayuda a reducir ese margen de incertidumbre. Permite revisar más superficie en menos tiempo, localizar zonas sospechosas y organizar mejor la respuesta. También permite hacer seguimiento después de una actuación. Si se aplica una medida correctora, un nuevo vuelo puede ayudar a comprobar si la zona mejora o si el problema sigue avanzando. Destacar el papel de la inteligencia artificial, los drones y los sensores como herramientas de apoyo para analizar datos del cultivo y mejorar la toma de decisiones en agricultura. Cuidado con los tratamientos fitosanitarios Es importante diferenciar entre usar drones para detectar plagas o enfermedades y utilizarlos para aplicar productos fitosanitarios. No es lo mismo monitorizar una parcela que realizar un tratamiento.
Evaluación del estrés hídrico con drones para mejorar la eficiencia del riego
Gestionar bien el riego es uno de los grandes retos de cualquier explotación agrícola. No se trata solo de aportar agua al cultivo, sino de hacerlo en el momento adecuado, en la cantidad necesaria y en las zonas donde realmente hace falta. En muchas parcelas, el agua no se distribuye de forma uniforme: hay áreas que retienen mejor la humedad, otras que se secan antes y sectores donde pueden aparecer fallos en emisores, presión o programación. En una provincia como Jaén, donde el olivar tiene un peso fundamental en la actividad agraria y cooperativa, mejorar la eficiencia del riego puede marcar una diferencia importante. El agua es un recurso cada vez más valioso y cada decisión relacionada con su uso puede influir en la productividad, la calidad de la aceituna y la rentabilidad de la explotación. En este contexto, los drones pueden ser una herramienta muy útil para detectar estrés hídrico y mejorar la eficiencia del riego. Su valor no está solo en hacer una imagen aérea de la finca, sino en ayudar a identificar diferencias dentro de la parcela que desde el suelo pueden pasar desapercibidas. La idea es sencilla: regar mejor, no simplemente regar más. Este enfoque forma parte de la transformación digital del sector agroalimentario, donde la tecnología se utiliza para ayudar a agricultores, cooperativas y empresas del sector a tomar decisiones con más información y menos incertidumbre. Qué es el estrés hídrico y por qué detectarlo a tiempo El estrés hídrico aparece cuando la planta no dispone del agua que necesita para desarrollarse correctamente. A veces se debe a una falta real de agua, pero también puede estar relacionado con problemas de distribución, suelos con distinta capacidad de retención, compactación, pendientes, obstrucciones o una programación de riego poco ajustada. El problema es que no siempre se ve desde el primer momento. Un olivo puede empezar a sufrir antes de mostrar síntomas claros en las hojas, el color o el crecimiento. Cuando el daño ya se aprecia a simple vista, puede que el cultivo lleve varios días en una situación desfavorable. Ahí es donde los drones aportan valor. Gracias a sensores térmicos, cámaras multiespectrales o imágenes de alta resolución, permiten revisar grandes superficies en poco tiempo y detectar diferencias internas dentro de la finca. Los trabajos de agricultura de precisión con drones pueden ayudar a optimizar el riego mediante información aérea del cultivo. Esta información no sustituye la visita al campo, pero sí ayuda a saber dónde mirar primero. Cómo ayudan los drones a detectar falta de agua Para evaluar el estrés hídrico, uno de los sensores más útiles es la cámara térmica. Este tipo de cámara permite detectar diferencias de temperatura en la cubierta vegetal. Cuando una planta tiene suficiente agua, regula mejor su temperatura mediante la transpiración. Cuando le falta agua, esa capacidad se reduce y la temperatura puede aumentar respecto a otras zonas mejor hidratadas. Ese contraste térmico puede representarse en un mapa y servir como señal de alerta. Por ejemplo, una zona con mayor temperatura puede indicar menor transpiración, falta de agua disponible o algún problema en el sistema de riego. Después, esa información debe comprobarse en campo para confirmar la causa. También pueden combinarse imágenes térmicas con imágenes multiespectrales. Mientras la cámara térmica ayuda a detectar diferencias de temperatura, la multiespectral puede mostrar variaciones de vigor o actividad vegetal. La combinación de ambas permite obtener una visión más completa del estado del cultivo. El uso de imágenes térmicas infrarrojas es fundamental para evaluar el estrés hídrico dentro de la agricultura de precisión. Del mapa térmico a una decisión de riego El verdadero valor del dron aparece cuando las imágenes se procesan y se convierten en mapas útiles. Un mapa térmico puede mostrar qué zonas presentan mayor temperatura. Un mapa de vigor puede señalar áreas con menor desarrollo. Al cruzar esa información con el conocimiento de la finca, es posible entender mejor qué está ocurriendo. Por ejemplo, si una zona aparece con mayor temperatura y menor vigor, puede ser necesario revisar el riego, comprobar emisores, analizar el suelo o verificar si hay algún problema sanitario. Si el patrón se repite en una línea concreta, puede estar relacionado con una obstrucción o una diferencia de presión. En este punto, el dron actúa como una primera lectura de la finca. Detecta, ordena y ayuda a priorizar. Después, el criterio técnico confirma el origen del problema y define la respuesta más adecuada. Esta forma de trabajar puede ser especialmente útil para cooperativas y explotaciones olivareras que gestionan varias parcelas, porque permite comparar zonas, planificar visitas técnicas y tomar decisiones más ajustadas. Regar mejor, no solo regar más Uno de los errores más habituales en la gestión del agua es pensar que la solución siempre pasa por aumentar el riego. Sin embargo, muchas veces el problema no está en la cantidad total de agua, sino en cómo se reparte dentro de la explotación. Una finca puede estar consumiendo un volumen importante de agua y, aun así, tener zonas con déficit y otras con exceso. Esto puede ocurrir por diferencias de suelo, fallos en el sistema, mala uniformidad, problemas de presión o una programación que no se adapta bien a las necesidades del cultivo. Los drones ayudan a detectar estos desajustes. Al observar la parcela desde arriba, es más fácil identificar patrones que desde tierra pueden pasar desapercibidos. Esto permite revisar sectores concretos, ajustar turnos, comprobar instalaciones y evitar decisiones demasiado generales. Los drones pueden utilizarse para controlar el riego en cultivos, detectar necesidades y apoyar trabajos de agricultura de precisión. Una herramienta útil, pero no automática Aunque los drones ofrecen información muy valiosa, es importante no tratarlos como una solución automática. Un mapa térmico puede señalar una zona con comportamiento anómalo, pero no siempre explica por sí solo la causa exacta. Una temperatura más alta puede estar relacionada con falta de agua, pero también con diferencias de suelo, viento, orientación, estado sanitario o condiciones del momento del vuelo. Por eso, la información aérea debe comprobarse siempre
Ahorro, inversión y rentabilidad del dron
El uso de drones en agricultura ha crecido mucho en los últimos años, pero una de las preguntas más importantes sigue siendo la misma: ¿realmente compensa la inversión? La respuesta no es igual para todas las explotaciones. Un dron puede ser una herramienta muy útil, pero su rentabilidad no depende solo del precio del equipo. Depende de para qué se usa, con qué frecuencia, en qué tipo de finca y si la información que aporta se convierte después en decisiones concretas. En una provincia como Jaén, donde el olivar tiene un peso fundamental en la actividad agraria y cooperativa, esta pregunta es especialmente importante. Muchas explotaciones cuentan con parcelas fragmentadas, zonas con pendiente, diferencias de suelo, problemas de acceso o necesidades distintas de riego y seguimiento. En estos casos, el dron puede aportar valor si ayuda a trabajar con más precisión y a reducir pérdidas. Comprar un dron solo por incorporar tecnología no garantiza ningún ahorro. En cambio, utilizarlo para detectar problemas a tiempo, revisar zonas concretas, mejorar el uso del agua o reducir intervenciones innecesarias sí puede tener un impacto económico real. Por eso, dentro de la transformación digital del sector agroalimentario, el dron debe entenderse como una herramienta de gestión. No se trata solo de volar sobre una parcela, sino de obtener datos útiles para trabajar mejor, reducir costes y aprovechar mejor los recursos. El dron como herramienta productiva A la hora de valorar la rentabilidad de un dron agrícola, conviene separar dos ideas: el coste de tenerlo y el valor que puede aportar. El coste incluye el equipo, las baterías, el mantenimiento, el software, la formación, los seguros, el tiempo de trabajo y, en algunos casos, el análisis de datos o el apoyo de una empresa especializada. Además, si se quiere utilizar para tareas más complejas, como aplicaciones fitosanitarias, los requisitos técnicos y legales también aumentan. El valor aparece cuando el dron ayuda a tomar mejores decisiones. Por ejemplo, puede detectar una zona con menor vigor antes de que el problema sea visible, revisar el estado del riego, localizar daños, comparar parcelas o evitar desplazamientos innecesarios por la finca. Existen diversos estudios que analizan cómo esta tecnología puede apoyar la gestión de una explotación cuando se integra dentro del trabajo técnico. La idea clave es sencilla: el dron no es rentable por sí solo, sino por las decisiones que permite mejorar. Comprar un dron o contratar el servicio No todas las explotaciones necesitan comprar un dron propio. En muchos casos, puede ser más rentable contratar un servicio externo de vuelos, análisis de imágenes o agricultura de precisión. Comprar puede tener sentido cuando la explotación tiene suficiente superficie, una necesidad frecuente de seguimiento y personal capacitado para utilizar bien la tecnología. Si el dron se usa varias veces durante la campaña, el coste se reparte mejor y la inversión puede ser más fácil de justificar. En cambio, para explotaciones pequeñas o con un uso puntual, puede ser más práctico contratar el servicio cuando se necesite. Así se evita asumir el coste completo del equipo, el mantenimiento, la formación y el procesamiento de datos. También pueden existir modelos compartidos entre cooperativas, comunidades de regantes o varias explotaciones cercanas. Esta opción puede ser interesante en el olivar jiennense, donde muchas fincas tienen necesidades parecidas y pueden beneficiarse de una tecnología común sin que cada agricultor tenga que asumir toda la inversión por separado. Dónde puede aparecer el ahorro El ahorro que aporta un dron no siempre se ve de forma inmediata en una factura. A veces aparece en forma de menos visitas innecesarias, menos pérdidas, mejor planificación o decisiones más rápidas. Uno de los ahorros más claros puede venir del uso más eficiente de insumos. Si el dron ayuda a identificar zonas concretas con problemas, se puede evitar aplicar el mismo tratamiento o la misma revisión en toda la parcela cuando no hace falta. Esto puede reducir el consumo de productos, mejorar la precisión de las intervenciones y disminuir costes asociados. También puede ayudar a mejorar el uso del agua. Detectar antes una zona con estrés hídrico o un problema en el riego puede evitar pérdidas de vigor y permitir correcciones más rápidas. En ese caso, el beneficio no está solo en gastar menos agua, sino en evitar daños que podrían afectar al rendimiento del olivar. Medios especializados han analizado cómo los drones pueden contribuir al ahorro en campo, especialmente cuando se usan para detectar problemas, mejorar la aplicación de recursos y apoyar decisiones más precisas. Rentabilidad: no solo ahorrar, también perder menos Cuando se habla de rentabilidad, muchas veces se piensa solo en reducir costes. Pero en agricultura una parte importante del retorno puede venir de perder menos. Si un dron permite detectar una plaga antes, corregir un problema de riego, localizar una zona con menor desarrollo o actuar antes de que el daño avance, el beneficio puede estar en evitar una pérdida mayor. A veces, la diferencia económica no está en gastar menos, sino en proteger mejor la producción. Por ejemplo, si una zona de la finca está recibiendo menos agua por un fallo en el sistema de riego, el problema puede pasar desapercibido durante días. Un vuelo con dron puede señalar esa diferencia antes y ayudar a corregirla. Si eso evita una caída de rendimiento o una pérdida de calidad, la tecnología ya está aportando valor. Esta forma de trabajar encaja con la agricultura de precisión para pequeñas y medianas explotaciones, porque la tecnología debe adaptarse al tamaño y a las necesidades reales de cada finca. Monitorización y aplicación: no es lo mismo No todos los usos del dron tienen el mismo coste ni el mismo retorno. La monitorización suele ser el primer paso más accesible. Consiste en usar el dron para observar, medir, generar mapas y detectar diferencias dentro de la parcela. Este uso puede requerir menos inversión que un dron de aplicación y puede ser muy útil para tomar decisiones agronómicas. Su retorno suele ser más indirecto, porque depende de cómo se utilice la información
La Oficina Acelera Pyme de Cooperativas Agro-alimentarias de Jaén lanza un nuevo folleto informativo para acercar la digitalización al sector cooperativista agroalimentario
La Oficina Acelera Pyme de Cooperativas Agro-alimentarias de Jaén continúa reforzando sus acciones de difusión y sensibilización con el objetivo de acercar la transformación digital al tejido agroalimentario de la provincia y muy especial a sus asociados. Con este propósito, hemos diseñado un nuevo folleto informativo en formato A5 y a doble cara, una herramienta práctica y visual que permitirá dar a conocer de forma rápida y sencilla los servicios que ofrece nuestra oficina a cooperativas, agricultores, ganaderos y empresas del sector. Este nuevo material ha sido concebido para facilitar su distribución en: Su formato compacto permite que cualquier profesional del sector pueda disponer, de un solo vistazo, de información clara sobre los principales servicios de nuestra Oficina Acelera Pyme: ✅ asesoramiento personalizado en transformación digital✅ diagnósticos de madurez digital✅ orientación sobre herramientas tecnológicas✅ información sobre soluciones innovadoras para el sector agroalimentario✅ acompañamiento en el proceso de digitalización Además, este folleto se convierte en un recurso especialmente útil para reforzar una de las principales líneas de actuación de la oficina: el contacto directo con cooperativas y profesionales del sector sobre el terreno, facilitando que más empresas conozcan las oportunidades que ofrece la digitalización para mejorar su competitividad. Desde la Oficina Acelera Pyme de Cooperativas Agro-alimentarias de Jaén seguimos trabajando para que la innovación tecnológica llegue de forma práctica, cercana y adaptada a las necesidades reales del sector agroalimentario provincial. Si deseas más información o solicitar un diagnóstico digital, puedes contactar con nuestra oficina a través de nuestra web o de nuestro teléfono: 953963141
Asistimos al III Encuentro Nacional de Oficinas Acelera Pyme
Reproducimos íntegra la Nota de Prensa emitida por Camara de Comercio de España con motivo del evento al cual asistimos el pasado 17 de marzo. Jesús Herrero, director general de Red.es; María González Veracruz, secretaria de Estado Digitalización e Inteligencia Artificial; José Luis Bonet, presidente de la Cámara de España; e Inmaculada Riera, directora general de la Cámara de España Madrid, 17 de marzo de 2026. El III Encuentro Nacional de Oficinas Acelera pyme (OAP), celebrado hoy en Madrid, ha puesto en valor el trabajo que esta red, impulsada por el Gobierno de España, desempeña en el impulso de la transformación digital de pymes, autónomos y emprendedores en todo el territorio. Las Oficinas Acelera pyme, desarrolladas por Red.es, entidad adscrita al Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública a través de la Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, son puntos atención personalizada que brindan asesoramiento, formación y acompañamiento, fomentando su competitividad y el uso de herramientas clave que maximicen su productividad. Estos centros forman parte del Programa Acelera pyme, que pretende construir el ecosistema de referencia para la transformación digital de las pequeñas y medianas empresas. Desde su puesta en marcha en 2020, acumulan más de 108 millones de euros en ayudas concedidas en sus diferentes convocatorias y han impactado a cerca de 227.000 pymes únicas con atención presencial y remota, jornadas técnicas o talleres, entre otras acciones. En su tercera edición, el Encuentro Nacional de Oficinas Acelera pyme ha supuesto un foro para compartir experiencias con beneficiarios, profundizar en la labor de la red de oficinas y dialogar sobre cómo la transformación digital afecta a nuestro tejido empresarial desde diferentes ángulos como son el empleo, el emprendimiento y la formación de nuestros profesionales. Durante su intervención en el encuentro, María González Veracruz, secretaria de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, ha destacado que «las oficinas Acelera pyme se deben ver como aliadas estratégicas porque la digitalización es la llave para crear valor, para llegar a nuevos clientes, para adaptarse a los cambios del mercado y para generar empleo de calidad. Cada empresa que apuesta por la transformación digital contribuye a fortalecer el tejido empresarial y, con ello, la competitividad en todo el territorio». José Luis Bonet, presidente de la Cámara de Comercio de España, ha afirmado que “la clave del éxito del trabajo de las Oficinas Acelera Pyme está en la colaboración público-privada. En esta red participan las cámaras de comercio, asociaciones, colegios profesionales y diversas entidades y al frente el sector público con Red.es. Gracias a este trabajo de acompañamiento, asesoramiento y ayuda al tejido empresarial, habéis logrado que las pymes entiendan la importancia de la digitalización, no solo para el crecimiento y desarrollo de sus negocios, sino para su supervivencia”. Por su parte, el director general de Red.es, Jesús Herrero, ha subrayado el papel de las oficinas como motor para la digitalización de las pymes. “la fuerza de las OAP reside en su acompañamiento cercano. Ofrecen un espacio accesible donde resolver dudas, recibir información práctica y familiarizarse con herramientas digitales para ser más resilientes. Además, su presencia territorial fortalece nuestro tejido empresarial”, ha afirmado. El encuentro ha ofrecido un espacio de reflexión y diálogo en torno a la transformación digital de las pymes, con sesiones en las que se han compartido experiencias reales y se han abordado soluciones digitales aplicables al tejido empresarial. Estos intercambios han permitido mostrar la diversidad de actuaciones que la red desarrolla en todo el territorio y el impacto de su labor en empresas de distintos sectores y contextos, incluidas aquellas situadas en zonas rurales. Reconocimiento a la labor de las Oficinas Acelera pyme en 2025 La jornada ha querido destacar las acciones que más han marcado la diferencia durante 2025 con rutas digitales, jornadas networking o eventos que han contribuido notablemente a impulsar las labores de asesoramiento y acompañamiento entre las pymes, autónomos y emprendedores impactados. Además, se ha reconocido la labor de tres OAP con el Premio a la mejor Oficina Acelera pyme 2025 que este año ha reconocido sus funciones en tres categorías. El Centro Tecnológico de Materias Primas Minerales y Materiales ha sido reconocido por su impulso a la capilaridad Territorial. La Cámara de Córdoba ha recibido su reconocimiento por el impulso a los sectores tradicionales; y la Federación Regional de Empresarios del Metal de Murcia lo ha hecho por el impulso al sector industrial. Oficinas Acelera pyme La red de Oficinas Acelera pyme cuenta con más de 140 oficinas que realizan tareas de sensibilización sobre las ventajas y metodologías innovadoras para optimizar el funcionamiento de sus negocios, mediante la incorporación de las TIC. Entre los servicios que proporcionan está la atención presencial con asesoramiento y resolución de consultas, la atención remota, jornadas técnicas, talleres prácticos relacionados con a incorporación de las TIC en los procesos productivos de las pymes, servicios tecnológicos y de infraestructuras o información sobre acceso a la financiación pública y privada. Las pymes y autónomos pueden solicitar asesoramiento y ayuda en la oficina que mejor les convenga. Para facilitar la búsqueda, en la página web www.acelerapyme.es hay un localizador donde se puede encontrar la oficina más cercana. Las Oficinas Acelera pyme están financiadas, según tipología, con cargo a Fondos Europeos de Desarrollo (FEDER) o a fondos del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (MRR). Galería del evento:
Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía impulsa la transformación digital del sector con la apertura de tres Oficinas Acelera Pyme
Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía da un paso decisivo hacia la modernización del sector agrario y ganadero con la puesta en marcha de tres Oficinas Acelera Pyme (OAP) en sus sedes provinciales de Huelva, Jaén y Almería. Accede a la noticia completa.











